El dolor de cabeza ya era mucho más leve, tan solo quedaba una tenue molestia. Seguía tumbado en el suelo, con un ligero entumecimiento en las articulaciones, atado y en la oscuridad absoluta, pero además los pasos se acercaban a cada momento más...
Con los nervios apaciguados no me resulto difícil diferenciar hasta 3 tipos diferentes en las pisadas que venían hacia mí. Ya estaban muy cerca, y sonaron un par de ruidos metálicos, daba la sensación de que estaba en alguna estructura de este tipo, quizá una empresa, o un barco (lo que encajaría con mi último recuerdo en el puerto, antes de caer inconsciente). Abrieron una puerta, y tras pasar en el mismo sitio donde yo estaba, la cerraron. Nada más entraron encendieron una luz, dado el contraste, me cegó totalmente por un tiempo y uno de ellos dijo a los otros dos:
- Está en el suelo, ¿¡Qué hace en el suelo!? Y otro de los hombres le responde. - Se debe haber caído de la cama señor, ya lo recogemos.
Rápidamente vienen dos de ellos hacia mí, los veo borrosos y me es imposible distinguirlos. Efectivamente me incorporan y me sientan en una camilla, los dos hombres se alejan un poco y me rodean, y el otro hombre se acerca, y aunque huele a loción aftershave, a colonia de caballero y además a puro abano y coñac, pero noto otro olor dulce, que no identifico casi por encima del suyo, es muy leve, pero está y sé que lo he olido antes.
El hombre se presenta, es el mismísimo dueño y señor de la empresa, y el que yo intentaba investigar según el soplo que me habían proporcionado. Me dice que siente lo que ha pasado, sin mirarle es difícil juzgar si miente, pero por el tono de voz: áspero y serio, pero sereno y tranquilo, parece ser sincero. Continua hablando al parecer llevo unas 16 horas inconsciente y me explica que con mi documentación han indagado en quién era, primero pensaban que era un vulgar ladrón, y deduzco que me dejaron inconsciente para con una subsiguiente paliza, darme una lección para que corriera la voz de qué pasa si intentas robarle (un comportamiento de lo más mafioso), y por ello no recurrieron a la policía. Poco a poco recobro la vista, y tras esta breve explicación me pide que ahora que sabe quién soy, que le acompañe para hablar de negocios, por supuesto aún en la extraña situación y teniendo las de perder intento aparentar la mayor de las tranquilidades y las indiferencias fingiendo que poseo algún control sobre los acontecimientos que me sobrevengan en este momento. Uno de los hombres me desata, es una persona fornida y grande, va con un mono azul, y un casco amarillo, lleva barba de no afeitarse, de un par de días, y es muy moreno de pelo y piel. Huele a sudor, y parece llevar horas trabajando por su aspecto, es posible que coincidiera el día anterior conmigo en aquél bar a la hora de comer, pero es difícil saberlo pues había muchos y eran muy parecidos.
Vamos el dueño de la empresa, yo, y su otro subordinado, el que me ha desatado se queda allí para recoger y poner algo de orden, al salir de aquel "camarote" pasamos por un pasillo poco iluminado y después subimos unas escaleras metálicas y vamos ascendiendo, me explica el "empresario" que estoy en un barco, confirmando mi sospecha. El dueño en su sobrepeso se cansa subiendo las escaleras y jadea levemente, va con un traje marrón caro, camisa blanca y corbata verde oscuro, unos zapatos de piel evidentemente caros y va inmaculadamente afeitado y con el pelo engominado y peinado hacia atrás, por su parte su empleado es algo más delgado que el anterior, pero va igual vestido, y se parece mucho al anterior, cabe decir que sus botas de seguridad suenan con fuerza al pisar.
Al poco acaba la escalera, y ya se ve la luz del exterior, me vuelvo a cegar un poco, pero el "empleado" posa su mano en mi hombro y me guía, al parecer mientras se me acostumbra la vista a la luz natural nos metemos en un "camarote" que es un despacho. Me invita a que tome asiento y dice a su empleado que nos deje a solas, tras salir, se me acerca, de nuevo ese poso de olor familiar y dulce. Primero me explica que este despacho y este barco lo usa para mostrar el negocio a futuros inversores, y para hacer negocios, a continuación me dice que le ha gustado mi estilo, sabe que he estado haciendo averiguaciones sobre él y sus empresas, en particular de está al ser fuerte y que se mueve internacionalmente en transporte de mercancías. Me ofrece un puesto de trabajo de gerente en su imperio empresarial, dándome a entender que muy bien remunerado, a todo esto yo permanezco sentado, sin abrir la boca, ni hacer gesto alguno, totalmente impasible. La condición es que le diga quién me contrato y para que, aunque por lo que dice parece imaginarse para que.
Pero, ya sea porque la vista se me había acostumbrado del todo, o por lo cerca que lo tenía a él sentado frente a mí en la silla adyacente, me fijé en un pelo que caía del hombro de la chaqueta de su traje, era largo, moreno y sedoso, aspire con calma y recordé donde y de quién era ese olor. Intentando no hacer ningún gesto que delatara que pensaba, y la importancia que tenia, me incorporé lentamente a la par que le decía que quería más de lo que me ofrecía, mientras daba un par de pasos poniéndome por detrás del escritorio para ver y confirmar mi sospecha, pero de forma disimulada. Continué diciéndole que a pesar de su generosidad, quería un puesto de redactor en un poderoso periódico de tirada nacional, pues le dije que sabía que él tenía acceso a concederle eso, y además, quería otra gratificación, la garantía de que le pagaría el sueldo a la secretaria que yo eligiera durante un año, a cambió yo le daría la información que me pedía y además estaría en deuda con él, tapando algún escándalo que llegara a mis oídos. Decía todo esto con la mayor de las confianzas, ya había confirmado la pieza del puzle que me faltaba.
Él se echo a reír, y me dijo que pedía mucho sin garantías, pero le hice una media sonrisa, y le dije mientras me encaminaba de vuelta hacia él, que la información que le iba a proporcionar bien lo valía, y que se libraría de un enemigo cercano y peligroso. Volvió a reír, y me dijo que de no cumplir lo que decía me arrepentiría. Y me extendió la mano para que entendiera que cerrábamos el pacto, entrelazamos las manos y las apretamos ligeramente, pero con seguridad. Y conforme se separaron las manos le acerque una foto de su escritorio, donde salía él con una mujer, y le dije que fue ella la que me hizo el encargo, él se quedo blanco y con cara de sorpresa y disgusto, entonces se la describí con exactitud, pues la recordaba vivazmente dada la alta sensualidad que desprendía, cada parte de ella: su pelo, su olor, su figura etc... pero gracias a su negro, largo y precioso cabello, conjunto a su dulce y embriagador perfume, había logrado atar todos los cabos, y le conté el trato que me propuso y los datos que me había dado, el escuchaba en silencio con el semblante serio y los ojos rojos, de la rabia y la humillación. Al acabar la mi explicación el despotrico sobre ella, me agradeció todo y me dijo que cumpliría su parte del trato. Hizo pasar a su empleado y me acompaño fuera del puerto, y me fui a mi casa.
Después de tres meses de mi nueva vida, en la gran ciudad, y como redactor de un gran periódico, debo decir que si no tengo la felicidad, me acerco mucho. Vivo felizmente casado con la secretaria que elegí, que no fue otra que la de la empresa de transportes, y la empresa de este "empresario" funciona mejor que nunca y él hace muchos viajes y se pega la gran vida, y más después del "extraño y terrible" accidente de coche que sufrió su preciosa, joven emprendedora esposa...

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